Una cuestión de principios

Holanda dejó de vender armas a Arabia Saudí. ¿La razón? Un informe de la ONU que concluye que la coalición encabezada por Riad contra los rebeldes de Yemen ha bombardeado objetivos civiles como escuelas, mezquitas, hospitales y mercados públicos. Pero Holanda es una excepción en Occidente.

En general, el dinero saudí es recibido con alborozo, a pesar de ser el mismo que financia la expansión del wahabismo (la versión más integrista y radical del islam) por todo el planeta y de ser un régimen que no respeta los más elementales derechos humanos. Uno de los más entusiastas socios económicos de Arabia Saudí ha sido el gobierno español de Mariano Rajoy. En 2015, la venta de armas en España batió récords históricos: sólo en los primeros seis meses vendió 448 millones de euros en armamento, más que cualquier otro año completo durante la última década. 2015 fue año de elecciones y había que acelerar el negocio. La cifra, en cualquier caso, se queda pequeña frente a los 3.500 millones de euros que el Reino Unido vendió a Riad desde que los saudíes entraron en el conflicto yemení, en marzo del año pasado.

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David Cameron conversa con el rey saudí Salmán bin Abdulaziz en la cumbre del G20 en Turquía, en noviembre de 2015. Foto: Crown Copyright/Georgina Coupe

El gobierno del ex primer ministro canadiense Stephen Harper también fue socio preferente de un régimen que es capaz de condenar a una chica violada a 200 latigazos y seis meses de prisión. Harper defendió los contratos y quitó importancia al cotidiano atropello a los derechos humanos que se produce en Arabia Saudí. “No es justo castigar a los trabajadores de una fábrica de London [Ontario] por esto”, llegó a decir.

Cuando el liberal Justin Trudeau accedió a la presidencia de Canadá parecía que todo esto iba a cambiar. Lamentablemente no ha sido así. Su ministro de Asuntos Exteriores, Stéphane Dion, explicó la conveniencia de mantener los contratos firmados por Harper con la monarquía saudí, un régimen que en 2015 incrementó sus ejecuciones un 76% respecto al año anterior: aplicó la pena de muerte a 158 personas, “una ola de ejecuciones sin precedentes”, según Amnistía Internacional.

Pero hablamos de un acuerdo de 10.000 millones de euros, y con tanto dinero en juego, según Dion, no se puede ser tan tiquismiquis: “Si Canadá debe dejar de hacer negocios con los países que reconocen o aplican la pena de muerte, la lista podría ser muy larga. Y no habría que irse muy lejos”, remató en referencia a su principal socio económico, los Estados Unidos. “Las informaciones indican que Arabia Saudí no ha hecho un uso inapropiado del equipamiento [por ahora jeeps blindados, fundamentalmente] para violar los derechos humanos”, añadió para ratificar el acuerdo.

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En misa y repicando: Stéphane Dion en Ginebra, en marzo de 2016, durante la pasada Conferencia de Desarme. Foto: UN Photo / Elma Okic

Se hace necesario un breve resumen del conflicto yemení: Yemen es el campo de batalla extranjero en el que las dos superpotencias islámicas, Arabia Saudí e Irán, están combatiendo. Los saudíes (sunitas) entraron en la guerra civil yemení para atacar a los rebeldes hutíes (chiitas), que reciben apoyo del régimen iraní (también chiita). Pero todo esto es un rollo, nadie está interesado en este tipo de conflictos bárbaros y tercermundistas. Los inversores sólo ven la cuenta de resultados. Lo demás les trae sin cuidado. Afortunadamente para ellos, desde hace décadas los gobiernos occidentales trabajan fundamentalmente para los inversores, no para los ciudadanos. Y cuando la maquinaria bélica saudí empieza a funcionar, los beneficios se disparan. Véase el incremento en la exportación de armas vendidas por el Reino Unido a Arabia Saudí:

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Fuente: The Guardian

Según el informe de Naciones Unidas, la coalición liderada por Arabia Saudí emprendió 22 ataques a hospitales, 10 ataques a mercados públicos, 9 ataques a campos de refugiados, 9 ataques a aeropuertos, 8 ataques a escuelas, 7 ataques a organizaciones humanitarias, 5 ataques a vehículos de que transportaban civiles (incluida una ambulancia)… Entre marzo de 2015 y marzo de 2016 se han registrado 3.218 muertes de civiles.

Pero 10.000 millones son 10.000 millones. Los principios morales pueden relajarse ante una cantidad así. ¡Demonios, los principios morales no son iguales aquí y allí! El régimen saudí, por ejemplo, cree que los latigazos y las penas de prisión aplicadas tradicionalmente en su país a los homosexuales se quedan cortas como castigo. Actualmente se está planteando aplicar la sharía con más rigor si cabe y llegar incluso a la pena de muerte para los gays.

Pero el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, no tiene problemas morales para hacer negocios con ellos. Puede meter 10.000 millones de euros de dinero saudí en los bolsillos de la élite económica canadiense y luego, sin aparente contradicción, encabezar el desfile del Orgullo Gay en Toronto. Lo hacía en la oposición y ahora, en el gobierno, será el primer presidente canadiense en hacerlo.

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Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros.     Copyright: Chris Young/Canadian Press

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