El rap de Michael Chabon

En una escena de Amadeus (1984), Mozart pregunta al emperador José II si le ha gustado la ópera que acaba de estrenar, El rapto del serrallo. El monarca se muestra entusiasmado pero no encuentra la expresión exacta para definir una obra tan exuberante. Se gira hacia sus músicos de cámara y uno de ellos le sugiere, para censurar al joven genio, que “tiene demasiadas notas”.

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Cuando Michael Chabon publicó Telegraph Avenue en 2012, muchos críticos literarios se calaron sus imaginarios pelucones hasta las cejas y profirieron objeciones semejantes. A aquella novela, decían, le sobraban palabras.

Jennifer Egan, crítica del New York Times, indicaba en su reseña que Chabon siempre le pareció “un escritor gozoso” y que la prolijidad de sus explicaciones y su curiosidad formaban parte de su delicioso estilo. Un ejemplo: la minuciosidad con la que toca temas como la historia del cómic, la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo, la educación sentimental homosexual, los usos y costumbres de los años cuarenta en Europa y América, todo eso, en resumen, convertía Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay en lo que es: una arrolladora obra maestra. Pero en Telegraph Avenue no. Ahí, decía Egan, esa exuberancia no funcionaba: “Esta vez su curiosidad supera a la del lector. Telegraph Avenue es densa en exceso y, además, está aderezada con divagaciones que dificultan la aceleración de una trama ya enrevesada de por sí”.

Es cierto que las oraciones subordinadas se alargan demasiado. Hasta hay una frase de ¡14 páginas! en la que narra la huida de un loro por los barrios de Oakland. ¿Y qué? Es el tono perfecto para narrar las vicisitudes de unos frikis parlanchines y adorables.

telegraphEl germen de la historia es la amenaza que se yergue sobre una tienda de discos de segunda mano cuando se conoce el plan de construir un enorme centro comercial en el barrio. En realidad, esa amenaza es un pretexto para desplegar un precioso catálogo de personajes que entonan un enternecedor canto a la vida. Es una comedia amable narrada con un ritmo que, es cierto, puede aturullar al lector. Porque la prosa de Chabon en Telegraph Avenue unas veces es soul, es una fuente de chocolate caliente derritiéndose línea a línea a lo largo de 600 páginas. Y otras veces es rap, es un puto martillo neumático de poesía. Es un tornado en el que giran la música negra, la blaxploitation, el kung fu, el desvalimiento adolescente, el racismo, el cine de Tarantino, el parto natural, la devastación emocional del primer amor, el síndrome de Peter Pan, el choque cultural, la nostalgia por un mundo que desaparece y la nerviosa, la tierna emoción por otro mundo que nace.

Es la vida. Y la vida, la de verdad, la que se compone de música, baile, afectos, risas, sexo, pizzas y sesiones de cine de serie B, no tiene nunca “demasiadas notas”. Es maravillosa tal y como es.

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